DÍA DE LA PAZ EN EL COLE

El día 30 de enero celebramos un año más la paz. Este año la temática fue en torno a los muros que nos separan, por ello empezamos en el recreo levantando unos “muros” que aislaban a unos alumnos de otros: no podían seguir jugando, ni hablando con sus amigos en caso de haber quedado separados por el muro. Con este símil quisimos que se pusieran en la piel de esas personas que arbitrariamente son separadas por la creación de un muro.

A continuación pasamos al Salón de Actos donde alumnos de 2º de ESO representaron la obra Manzanas Rojas que trata de la amistad de un niño judío y otro musulmán. Tras ello, subimos a las clases y reflexionamos sobre las muchas personas que están o han estado separadas por muros: el muro de Berlín, la frontera que separa Corea del norte y Corea del sur, los muros que el estado de Israel ha construido en la franja de Gaza y Cisjordania y muchos otros.

Pero sobre todo quisimos que pensaran en los “muros” no físicos que nosotros levantamos en nuestra convivencia y que nos impiden vivir en paz.

Para terminar la dinámica cada clase pintó su muro de la paz y leímos un manifiesto conjunto que dice así:

Dicen las sagradas escrituras que Dios hizo al hombre a imagen y semejanza suya. Si esto fuera así y si además fuera posible que seres de otros planetas pudieran contemplar nuestro planeta tierra, se preguntarían cómo poder entender que el Dios al que rezan diferentes religiones desde iglesias, mezquitas, sinagogas, pagodas y otros templos, sea el espejo en el que se miren hombres y mujeres que construyen muros tan largos y altos que sean visibles desde el espacio. Muros que separan a la vez ideas y desarrollo, muros que separan a los creyentes, a las democracias de las dictaduras, la opulencia de la pobreza, a los bienaventurados, de los olvidados y marginados.

Muchos son los muros de nuestra vergüenza: el ya derribado muro de Berlín, que separó simbólicamente el mundo en dos bloques de países bajo la amenaza de una tercera guerra mundial, la frontera que separa Corea del norte y Corea del sur, los muros que el estado de Israel ha construido en la franja de Gaza y Cisjordania rodeando a miles de personas en campos de refugiados constituyendo el caldo de cultivo para la aparición de un terrorismo que es la excusa que sirve a los poderosos para justificar la necesidad de comprar más y más armamento, el muro que permite a Marruecos impedir la proclamación de un Sáhara Libre, las vallas de Ceuta, Melilla, el muro que separa EEUU de México y…, tantos y tantos otros.

Piedras, vallas electrificadas, fosas, cemento, progreso…, la tecnología puesta al servicio de la construcción de muros contra el hambre y la libertad, muros que al final, para nuestra vergüenza, no detienen a los desesperados, y sólo cortan la huida hacia la libertad,  ponen barreras a las ideas, y separan la pobreza de la riqueza.

Una y otra vez a lo largo de la Historia vuelven a crecer tabiques de incomprensión ante la pasividad generalizada del mundo que lo contempla. Sólo representan monumentos a la insolidaridad de los seres humanos, a la incapacidad de lograr acuerdos que eliminen la falta de recursos y de derechos que provocan que las personas emigren o que las personas piensen y expresen sus ideas. Y lo absurdo es que los muros al final no detienen a nadie, ni a los seres humanos, ni al amor, ni a la esperanza de un futuro mejor, porque estos son tan fuertes que logran traspasar todas las barreras.

Acabemos con los muros que separan a padres, hijos, hermanos y amigos. Denunciemos a aquellos que animan y jalean vergonzosamente la violencia, que obtienen beneficios del hambre y las guerras de los demás, sea un trozo de tierra yerma o, por el contrario, lleno de petróleo, diamantes o coltán. Pero manifestemos también nuestra repulsa ante aquellos que son capaces de reírse del amigo, capaces de insultar o agredir al compañero, e incapaces de aprender del maestro y de querer a la madre, a la hermana o a la amiga, levantando muros contra la convivencia a nuestro alrededor.

La violencia nos condena a la soledad. Destruyamos pues, todas las barreras que nos separan y construyamos una sociedad global en un mundo global que nos permita no sentirnos nunca solos. Cortemos las vallas, bajemos las barreras, y pintemos los muros con grafitis que cuenten un mundo más libre y más solidario. Dibujemos en ellos palomas de paz, soles de justicia, bosques de esperanza y un mar de ilusión, y luchemos porque algún día, al ver los informativos, podamos decir que en el mundo en el que vivimos, todos los días son el Día de la Paz.”

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